Desahogo de mil vainas que quizá sólo entienda una persona.


Mi mente y mi corazón colisionan, mi alma y mi ser se desmoronan 
Tu cuerpo y tu pensamiento no llegan a un acuerdo, no sabes que importa más si la vanidad, el amor o aparentar estar cuerdo.
Tu posición en las noches siempre fue la de un caballero aunque por los días eras un esclavo de unas cadenas malditas, solías vivir bajo condenas que tus limitaciones te daban como recompensa por guardar las esperanzas de pensar que no eras prisionero porque tu dolor no dolía dentro de ti, no quemaba la piel, no ardía en el corazón, esas sensaciones al parecer eran mías, porque sufría al ver cuando esas cadenas volvían a ti cuando amanecía. 
Si siempre quise permanecer a su lado fue por proteger lo que de ti quedaría
si bien me dabas algo más, no era porquería,
qué paso en ti te tornaste el duende que me maldeciría 
cuando intento creer que esto no fue así pienso como mi corazón poco a poco destruirías. 
Los caballeros de tus cuentos a esa reina no protegieron indudablemente se desvanecieron. 


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