Noches de desvelo

Y estaba allí, ensimismado, aclimatándose a la soledad, y a la angustia que le producía mi nombre, su piel se tornaba helada, sus manos temblantes, su mundo se venía abajo, era difícil creer que podía reconstruirlo, era increíble ver cómo me había otorgado el poder absoluto de sus sueños. Y heme aquí escribiéndole poesía, mostrándole que sus sueños no son en vano, y que no haré daño alguno al tesoro que uno vez me entregó.

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